domingo, 24 de mayo de 2009

Isabella -pronunció mi nombre completo con cuidado al tiempo que me despeinaba el pelo con la mano libre, un estremecimiento recorrió mi cuerpo ante ese roce fortuito-. No podría vivir en paz conmigo mismo si te causara daño alguno -fijó su mirada en el suelo, nuevamente avergonzado-. La idea de verte inmóvil, pálida, helada... No volver a ver cómo te ruborizas, no ver jamás esa chispa de intuición en los ojos cuando sospechas mis intencioones... Sería insoportable -clavó sus hermosos y torturados ojos en los míos-. Ahora eres lo más importante para mí, lo más importante que he tenido nunca

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